Claudia terminaba de ponerse esa hermosa blusa, la cual resaltaba su gran escote dejándole el autoestima por los cielos. Luego de unos segundos de acomodarlo lo dejo en la posición exacta, (esa con la cual había conseguido aquel trabajo tan anhelado, aquel esperado ascenso al mes de estar trabajando, aquel inesperado aumento en su segundo sueldo y esa gran indemnización por parte de la empresa a la cual demando porque el gerente intento abusar de ella) y atendió su celular. “Enseguida voy”, dijo sin pensarlo un segundo y tomando un gran trago de whisky caliente salio a toda velocidad de su apartamento.
En otro lado de la ciudad estaba Alejandra, polveándose la nariz, después de armar muy prolijamente una raya con la visa dorada de su padre o “el papo”, como ella lo llamaba muy cariñosamente. La noche pintaba tranquila pero ella estaba tan despejada que sentía la necesidad de hacer algo.
Su teléfono sonó y al igual que Claudia, se puso a las ordenes, tomo su cartera, se dio otro saque y salio a la calle rauda y veloz (no se que signifique esa frase pero la escuché muchas veces y hace referencia a mucha velocidad).
Después de una noche de excesos Yaneth junta sus cosas, en aquella precaria habitación, cuenta la plata (ya que no estaba segura si el último hombre le había pago los adicionales) y se retira con una hermosa sonrisa en la cara, eclipsada por dos grandes ojeras los que tapa con unas enormes gafas. Camina tres pasos saluda a sus compañeras, se dirige a la puerta, acomoda su sostén por última vez antes de salir.
Atiende su teléfono el cual sonaba al ritmo de “chocolate” (grupo de pop latino el cual espero que no siga existiendo) se inquieta y sale corriendo de la whiskeria.
Las tres se encuentran en una iglesia del centro se miran de forma muy nerviosa y una voz gruesa les dice que ingresen y se pongan cómodas. Haciendo caso a dicho pedido entran, se quitan sus prendas y se colocan unas alitas de cotillón en la espalda.
El padre Carlos estaba en su habitación leyendo el salmo 5º cuando estos angelitos ingresan y meneando sus cuerpos comienza una danza sensual, la cual le genera un infarto al sacerdote.
Se dice en el barrio que unos ángeles se llevaron al padre, para acompañarlo a que se reúna con el mismo Dios, el cual suponemos lo esta esperando para armar unas buenas orgías.
viernes, 9 de abril de 2010
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