Un domingo como cualquier otro, me desperté a las 9 de la mañana (como cualquier otro en el cual no me haya tomado hasta el agua de los floreros la noche anterior) ya que mi novia se había puesto pesadita con que al apartamento le faltaba alguna planta o algo que le diera un poco de vida.
Admito que un living solo en colores blanco y negro no es lo mas vivo del mundo pero así me gustan las cosas a mi, además mi vida se rige por esos colores ya que las cosas o son blancas o son negras.
Allá salimos rumbo a una casa que vende plantas que por no pasar chivos diremos que era una casa del estilo de “ciudad jardín”.
Al llegar a esta casa nos encontramos con miles de plantas, aunque se no hacia imposible pedir las que nos gustaban ya que sus nombres eran del estilo de Abutilon atriatum, billbergia nutans, plantum del ortum, arbustum de mierdam y otros.
Luego de recorrer y recorrer me encontré con la única planta que estaba de acuerdo en poner en mi apartamento ya que no había que darle agua, música o hablarle (esto ultimo es algo que nunca entenderé ya que me parece mas pelotudo que los cuentos que escribo).
A mi novia no le genero mucha gracia que yo eligiera un Pachycereus pringlei (o cactus para la gilada), pero mientras hubiera una planta en la casa ella era feliz.
Cuando lo vi ubicado en el rincón del living donde le daba directo la luz del sol admito que sus dos metros treinta llamaron mi atención, pero un grupo de pechos (eran dos) en la tele me hicieron olvidarlo.
De un momento al otro me pareció ver que se movía, pero supongo que producto de varios pares de pechos moviéndose al ritmo de reguetón (tengo que admitir que bailando por un sueño es la porno de los que vivimos en pareja) podían haber afectado mi realidad.
Varios días pasaron y el trastorno del ya nombrado programa de TV seguía haciendo de las suyas con mi cerebro o en realidad este cactus me estaba jugando una buena broma, moviéndose cuando yo solo lo podía ver con mi visión periférica.
Una mañana me encontraba tirado sobre el sillón pensando uno de los cuentos que ustedes tanto disfrutan (se que no lo hacen pero me hace feliz pensar que si) mientras miraba atentamente el cactus y les juro por lo que ustedes quieran que este muy hijo de su madre se movió. Primero parecía un temblor, pero luego sus ramas comenzaron a moverse en todas direcciones. Soy conciente y quiero aclararles (para que después no digan, “bueno el gordo este ya empezó con bobadas) que no se movió como lo hacen los árboles en los dibujitos animados cuando intentan asustar a alguien. ¿Pero que importa?, este cactus se movió solo, sin viento, hilos ocultos o algún comentario gracioso hecho por mi que lo hiciera tentarse.
Allí mismo salte del sillón y corrí hasta el teléfono.
Ringgggggg, Ringggggg, Ringggggg
- hola buenos días habla Gonzalo ¿en que lo puedo ayudar?
- Hola Gonzalo mi nombre es Nicolás Duarte. Voy a decirte algo pero quiero que sepas antes que nada que soy una persona sana a nivel mental, no estoy loco y soy conciente que lo que voy a decirte a continuación es algo raro.
- (se sintió una sonrisa) Dígame, ¿en que lo puedo ayudar?
- bueno te cuento, hace unos días te compre un Cactus y te juro por lo que mas quieras que este se mueve, se que es raro lo que te digo, pero llamo para saber si ¿es normal?, ¿los cactus suelen moverse o tener algún tipo de vibración exagerada?
- ¿Que tipo de Cactus compro señor?
- Fue un Pachycereus pringlei o algo así
- Señor aísle la habitación donde tiene el cactus que enseguida vamos para allí
Tu tu tu tu tu tu tu tu (sonido de que me corto)
Obviamente no hice caso a la recomendación del muchacho puesto que me parecía tonto aislar la habitación por un cactus tembloroso, además había pensado que como mi llamada había sido por algo raro o difícil de creer este muchacho no me había tomado enserio y me había dicho eso con la intención de burlarse o de tomarme el pelo.
Me tire en el sillón para escribir el cuento que había estado pensando y a los 5 minutos el timbre me distrajo. Deje mi cuadernola y la lapicera (útil el cual nunca deje desde que me dijeron en la escuela que podía sustituir el lápiz por esta hermosura de sangre azul).
Llegue a la puerta y como no tengo ojo de buey simplemente abrí. Tendrían que haber visto la cara de pelotudo que puse cuando del otro lado habían dos muchachos con unos trajes blancos tipo astronauta, mascaras que no permitían ver con claridad sus caras, unos bolsos y alguna herramienta que todavía no entendí para que era, parecían como los teletubbies del futuro. Se presentaron y pidieron permiso para entrar a lo cual no se si accedí o mi cara de pelotudo les hizo darse cuenta de que no iba a poder responder nada.
Llegaron al living, clausuraron las ventanas, puertas y cerraron las cremalleras de sus trajes. Cubrieron el cactus con una bolsa hecha de maya metálica la cual tenía una abertura para que esta no quedara de forma “hermética”. Cerraron casi todo el cierre dejando el cactus completamente tapado, pero antes de terminar le tiraron un explosivo para adentro
Mi cactus desapareció en un boom, estos hombres tomaron la bolsa donde se encontraban los restos y salieron caminando muy tranquilamente. Obviamente los detuve en la puerta y les pedí una explicación, ya que nadie entra a mi casa hace explotar algo y después se va tranquilamente (bueno salvo mi primo Tony, ah por cierto, Tony la tele me sale U$S 200 así que anda juntando la platita).
Los hombres me contaron que había venido una mala importación de cactus desde México y estos habían venido con alguna araña adentro, claro que estas procrearon y procrearon y los cactus ya no eran una simple planta sino que eran los nidos de miles de tarántulas. Me dijeron que el procedimiento que ellos realizaron era el que se tenía que llevar a cabo para evitar una epidemia de tarántulas en mi casa, ya que por el tamaño del cactus debería tener cerca de cinco mil adentro.
Me contaron que una señora compro uno y que de este se cayo un brote, haciendo que miles de tarántulas salieran del mismo corriendo en todas partes y que habían contado aproximadamente dos mil tarántulas muertas luego de la fumigación.
Luego de haberme contado eso se fueron y tengo que admitir que estaba recontra re cagado.
Creo que habría sido mejor que no me hubieran contado nada o podrían haberme inventado algo menos impresionante ya que ahora me pica todo y siento patitas que me caminan por el cuerpo, además por si fuera poco me olvide la idea del cuento que estaba escribiendo.
martes, 8 de diciembre de 2009
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